La semana pasada tuve una conversación muy intensa e interesante con la maestra Arehmi Mendiburu, quien ha dedicado mucho de su trabajo de investigación a hacer etnografía del aula durante sus actividades docentes, acerca de la siguiente pregunta: ¿Como debemos hacer ahora el diario de campo? ¿En la computadora¿ ¿O en libretas, como se nos ha enseñado desde siempre en las clases de taller de investigación en antropología?
La maestra Mendiburu se mostró totalmente sorprendida del hecho de que yo hago mi diario de campo en libretas de pasta dura, puesto que, desde su punto de vista, soy una de las personas que más aboga por el uso de las computadoras y de internet en la investigación antropológica. En realidad, durante los últimos cuatro veranos he contratado a estudiantes de antropología para que escaneen mis libretas en Adobe Acrobat, pues a pesar de mi predilección ampliamente conocida por los formatos virtuales, sigo escribiendo mis diarios de campo en libretas de pasta dura (en Yucatán se venden unas libretas que se conocen como "libretas de tránsito" que son de pasta dura, tienen un rayado particular, y yo las compro y uso en grandes cantidades). Generalmente dejo un espacio en blanco a la derecha de mi texto para palabras clave y para construir un código de mi diario de campo. Esto luego me sirve para hacer un índice en cada libreta. Mi esposo y colega, Steffan Igor Ayora-Diaz, en cambio, hace su diario de campo directamente en la computadora, aunque corra el riesgo de perderlo una vez que los programas y las plataformas cambien, pues encuentra más fácil codificar e indexar su información en forma digital.
¿Cómo se debe de hacer el diario de campo en nuestros días? ¿Analógico o digital?
Me parece que no hay una respuesta fácil. Yo comencé a hacer mis diarios en las "libretas de tránsito", regresando a un formato 'analógico', porque durante mi trabajo de campo de doctorado en Cerdeña, Italia, entre 1990 y 1992, hice la mayor parte de mi diario de campo en computadora, en un programa que ha casi desaparecido, que se llama WordPerfect. Hacía los respaldos de mis archivos en 'disquettes', que ahora también han desaparecido. A este punto he perdido la mayor parte de mis notas y diarios de campo sobre mi investigación en Cerdeña, sobre todo porque ahora trabajo en la plataforma Mac y no en Windows, y no hay WordPerfect para Mac (quizá en el futuro exista, por lo que estoy guardando mis disquettes!).
Durante los veranos de 2000 a la fecha generalmente he reclutado a algún/a estudiante para que convierta mis 'libretas de tránsito' en PDFs. Esta NO es una solución ideal, puesto que estos PDFs no son fáciles de navegar y en realidad son una especie de fotografías de mis libretas. Sin embargo, he encontrado que durante los últimos once años, desde que comencé a usar este sistema un poco primitivo, se me pierden menos las notas y diarios: si pierdo las libretas físicas, generalmente tengo los PDFs, y si en algún momento se me pierden los PDFs tengo las libretas físicas.
En los últimos cuatro años mi esposo y yo hemos cambiado de domicilio nuestra biblioteca tres veces. La desesperación de no encontrar mis libretas es realmente indescriptible, a pesar de que tengo los PDFs que diversos/as estudiantes han hecho de mis notas y diario de campo. Sin embargo, siempre hay libretas que no han sido digitalizadas, notas que no llegaron al scanner y otro tipo de tragedias. Y además, recientemente una amiga de los EUA me escribió que en su universidad están adoptando la política escandinava de que después de dos años las y los investigadores tienen que destruir TODAS sus notas y diarios de campo, y ya no será posible usar datos de dos o más años de antigüedad. Me parece que no está lejos el día en el que nuestra universidad, la UADY, implemente este tipo de reglas, pues los reclamos de muchas sociedades locales en contra de la representación antropológica comienzan a impactar nuestros métodos y técnicas de investigación. Entonces, ¿Qué se puede hacer en estas circunstancias?
Creo que se nos abren dos caminos: Uno es luchar por establecer la excepcionalidad de la investigación antropológica. Muchas personas con las que trabajamos cotidianamente podrían aliarse y estar de acuerdo con nosotros, pues ahora es común que las reivindicaciones locales se basen en etnografías y diarios de campo antropológicos. Sin embargo, va a ser un poco difícil tener éxito en este frente. Otro es comenzar a pensar en proyectos específicos en los que la información recolectada nos puede servir, y memorizar lo más que podamos de la información obtenida; hasta ahora ninguna universidad, ni en Escandinavia ni en los EUA ni en ningún otro lado ha puesto una prohibición en contra de la memoria y la teorización. La redacción de fichas puede ayudarnos a mantener cosas en la memoria, por lo que me parece más que crucial escribir, como siempre, fichas de nuestros diarios de campo. Incluso si luego tenemos que deshecharlas, el haber trabajado nuestros materiales con dedicación nos ayudará a recordar más que si no trabajamos nuestra información para transformar los diarios y notas de campo en fichas.
Me hubiera gustado tener una respuesta más definitiva sobre si la libreta o la computadora son un medio mejor para escribir las notas y el diario de campo, pero en los tiempos que corren estos van a tener que ceñirse a preferencias individuales, a políticas universitarias emanadas de instancias internacionales, y a nuestros propios criterios de lo que es justo, lo que es ético, y lo que se anuncia en el horizonte como una práctica antropológica justa y ética, además de totalmente legal.