martes, 22 de marzo de 2011

Cómo hacer fichas efectivas de los libros académicos

En antropología llamamos 'fichas' a una especie de 'identikit' de los libros que leemos.  En general, es importante tener nuestras fichas sobre un tema en un solo lugar.  Antes, usábamos ficheros de plástico en los que acumulábamos tarjetas de cartón de tamaño media carta.  Ahora estoy recomendando a mis estudiantes que utilicen el programa zotero (descargable en varios idiomas, incluyendo en español, en http://www.zotero.org/) que funciona en el buscador Firefox de Mozilla.

Las fichas sobre cada tema se pueden guardar en zotero en carpetas, y además se pueden relacionar entre sí por medio de la lengüeta 'relacionados'.

Es importante hacer al menos una ficha sobre la exposición y una sobre la investigación por cada libro, que sirva como un resumen general y que pueda ayudarnos a recordar los puntos principales tratados en los libros.
  • Ficha bibliográfica: no olvidar el nombre de la o el autor, apellido(s), título del libro y casa editorial, en cada página de ficha.  En Zotero esta información se llena usando la lengueta "información"
  • Ficha del libro como mecanismo de exposición (crear nota "Exposición" en zotero, haciendo click en la lengüeta 'notas')
Contenido de la nota "Exposición"
    • Argumento o tesis: ¿qué es lo que la o el autor trata de demostrar?
    • Método de exposición: ¿Cómo trata la o el autor de demostrar su tesis? ¿Qué sub-tesis desarrolla? (generalmente cada capítulo desarrolla uno de los argumentos relacionados con la tesis general)
    • Campo bibliográfico: ¿Cuáles son las y los autores principales contra o en favor de los cuales estructura sus argumentos? ¿Cuáles son las y los autores principales con quienes dialoga en cada capítulo? ¿Cuáles son los argumentos de estas/os autores y cómo es diferente el argumento de la o el autor del libro?
  • Ficha del libro como resultado de una investigación (crear nota "Investigación" en zotero, haciendo click en la lengüeta 'notas' otra vez)
    • Tesis: ¿Cuál fue el punto de partida para la elaboración del libro?
    • Metodología: ¿Se trata éste de un trabajo conceptual solamente, o tiene un componente etnográfico o de otro tipo de ‘campo’? ¿Cómo planeó la investigación? ¿Cómo la realizó?
    • Resultados: ¿Cómo se diferencia el resultado final de la pregunta central inicial?
    • Campo bibliográfico: ¿Con qué autores comenzó el trabajo y por qué no fueron suficientes? (NUNCA son suficientes)
No olvides poner etiquetas (dos o más) a cada una de tus notas y a cada una de tus fichas bibliográficas.  Para la ficha bibliográfica esto se hace entrando a la lengüeta 'marcas' en zotero.  Para cada una de las notas asociadas a esta ficha (es decir, para las sub-fichas) esto se hace en la parte inferior de la forma (donde dice 'marcas').

Las herramientas en línea no deben ofuscarnos: es importante tener claro que sirven para que podamos usar los contenidos que generamos y los que obtenemos de otras fuentes.  No hay que tenerles miedo, pero tampoco hay que pensar que pueden hacer más que lo que nosotros podemos programarlas para que hagan.  Piensa primero en el contenido, luego en la forma en la que vas a crear tu inventario, seleccionando con cuidado tus categorías de clasificación.  No hay categorías neutras, ni hay categorías perfectas, pero sí hay categorías y formas de organizar la información que son más útiles que otras.  Eres tú quien va a decidir cuál es el orden que más te conviene; una vez que lo hayas decidido, instala y abre zotero, crea carpetas y comienza a ordenar tu información.


sábado, 19 de marzo de 2011

Libro pionero de bioarqueología histórica sobre Campeche

El viernes pasado se presentó en el Palacio Cantón, en Mérida, Yucatán, el libro Natives, Europeans, and Africans in Colonial Campeche, coordinado por Vera Tiesler, Pilar Zabala y Andrea Cucina (University Press of Florida, 2010).  Este es un libro pionero porque es el resultado de un proyecto que, desde su inicio, se planteó como interdisciplinario.  Recientemente en mi taller de investigación estuvimos leyendo La lógica de las ciencias sociales, de Jürgen Habermas (Tecnos 1993), en donde Habermas explica las diferencias epistemológicas entre las ciencias nomológicas, entre ellas la biología, y las ciencias hermenéuticas, entre ellas la historia.

Vera Tiesler y su equipo de trabajo han hecho un esfuerzo conjunto por traer tanto las disciplinas nomológicas (en su caso la bioarqueología, la osteología y la arqueología) como las hermenéuticas (en este caso la historia, la arquitectura y la geografía social) al estudio del primer cementerio post-conquista de la ciudad de Campeche.  El resultado es un libro extraordinario, tanto por su objeto netamente circunscrito (el cementerio y su contexto histórico) como por la multidisciplinariedad del enfoque.

Uno de los grandes atractivos de este libro es la reivindicación de la historia afroamericana en la península de Yucatán, pues parte de los restos encontrados en ese cementerio corresponden, según los análisis osteológicos, a personas de ascendencia africana.  Ciertamente, como una de las presentadoras señaló durante la presentación del libro, y como Habermas no se cansa de repetir en La lógica de las ciencias sociales, cada enfoque tiene sus límites.  En este caso es el que el punto de partida hayan sido restos arqueológicos, en vez de las categorías étnicas y de castas establecidas en la historiografía de la conquista de México.  Sin embargo, puesto que existen muchos textos que pudieran leerse como material complementario sobre las castas y clases sociales en la Nueva España y territorios aledaños, me parece que esta limitación funciona aquí como una fortaleza, pues este tipo de enfoque bio-etno-geográfico-social nunca hubiera podido ser emprendido sin una identificación certera de las características biológicas de los restos humanos encontrados.

Este libro no es más que uno de los múltiples resultados de los proyectos conjuntos de nuestros colegas Vera Tiesler, Pilar Zabala y Andrea Cucina, tres excelentes profesores e investigadores con quienes tengo el gusto de trabajar y departir cotidianamente en la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán.  Desde 2002 este trío se ha constituido en un equipo de trabajo transdisciplinario, que a veces incluye, como en este caso, a investigadoras e investigadoras de disciplinas vecinas.  Esperamos grandes cosas de este esfuerzo conjunto, y el libro que ahora nos brindan nos confirma en esa expectativa.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Terremoto en Japón y peligro de radiación

Vista de la planta nuclear Fukushima desde Google Earth, Marzo 2011


El viernes 11 pasado hubo un fuertísimo terremoto en Sendai, Japón. Las imágenes del desastre fueron, como siempre que hay desastres mayores, devastadoras. Sin embargo, desde el mismo viernes el mundo comenzó a ver con preocupación el desenlace de esta gran tragedia, sobre todo porque la planta nuclear de Fukushima, a unos 100 kilómetros de Sendai, registró una explosión en uno de sus reactores, a la cual ha seguido una situación de creciente emergencia.

Mientras el lunes pasado parecía posible que la situación fuera controlada, hoy miércoles es claro que la planta de Fukushima se ha convertido en un desastre mayor que el de Chernobyl en 1986.

Estas notas son más bien un esfuerzo para ordenar mi mente y permitirme aceptar, si no comprender mejor, lo que está sucediendo en Japón.  Los tres grandes desastres nucleares de los que tengo noticia han sido el de Three Mile Island en 1979 en los Estados Unidos, el de Chernobyl en 1986 y ahora este de Fukushima.  Hasta donde sé, en estos tres casos el problema ha sido un aumento excesivo de la temperatura en los reactores, en Three Mile Island por una falla que nunca se explicó, en Chernobyl por un simulacro de emergencia nuclear durante el cual las y los operadores de la fábrica bajaron al mínimo la electricidad y las defensas de la planta (Petryna 2002), y ahora en Fukushima por daños causados por el terremoto y el tsunami a las condiciones de la planta nuclear.  En casi medio siglo no ha sido posible remediar el origen de estos desastres nucleares, que siguen teniendo como raíz los problemas de la infraestructura de enfriamiento.

La antropología de los desastres (García Acosta coord. 1996, Olivers-Smith y Hoffman eds. 1999) nos enseña al menos tres cosas:
  1. Que el desastre tiende a ser analizado por quienes podrían considerarse responsables como un hecho extraño, aislado en la sociedad y en la historia, pero que en realidad existe una relación de continuidad entre las condiciones en las que se dan y las formas de afrontarlos; 
  2. Que los desastres suceden prácticamente siempre en donde se sabía que podían suceder. Me extrañaría que no hubiera habido señales de que algo terrible podría suceder a estos reactores, aunque en este momento las autoridades de Japón y las compañías que operaban las plantas niegan vehementemente que hubieran detectado problemas desde antes.  De hecho, el hecho de que el enfriamiento siga siendo un problema nos habla precisamente de la continuidad y la larga duración en los desastres (García Acosta 2004); y 
  3. Que las relaciones sociales pre-existentes al desastre y las resultantes de éste hacen muy difícil la transformación radical de patrones sociales, tecnológicos, culturales y de comportamiento, de tal forma que cada desastre generalmente resulta en poca preparación para su posible repetición. 

Recientemente he visto una serie de fotografías de Chernobyl, por David Schindler (http://totallycoolpix.com/2011/01/chernobyl-25-years-later/), y me llamó la atención la manera en la que éstas se parecen a los paisajes y estructuras en 'La Zona' en la película Stalker (Mosfilm 1979), del gran director Andrei Tarkovsky.  Es como si Tarkovsky y su equipo hubieran viajado al futuro, al Chernobyl de hoy en día, para crear esa película.  Extrañamente, en Ucrania la gente llama 'La Zona' al área afectada.  ¿Estarán citando a Tarkovsky?

En el caso de Chernobyl (Petryna 2002) se ha desarrollado, después del desastre nuclear, una manera de vivir que Petryna considera como una forma de 'ciudadanía biológica', ligada directamente a reclamos de afectación de la salud, de tal manera que las y los residentes de 'La Zona' en Ukrania usan su propia condición de falta de salud para sobrevivir, sea por medio de subsidios a personas 'afectadas' o por medio de redes de relaciones que permiten a quienes viven ahí sobrevivir en condiciones de grandes problemas de salud y psicológicos.  El Estado ucraniano, mientras tanto, ha logrado ser visto como benefactor de las y los habitantes de Chernobyl, a pesar de que la ayuda económica y de infraestructura a la zona es poca, y de que la gente ha tenido que renunciar a la salud como idea de normalidad para poder sobrevivir.

Esto nos alerta a otra característica común de los desastres: muchas personas tratan y a veces logran usar los desastres como una forma de acumular prestigio en la política, y/o de obtener dinero lucrando con la ayuda internacional misma.  Varios sitios han aparecido en internet para engañar a donantes de dinero en línea, y quedarse con parte del dinero que la gente está donando para los esfuerzos de ayuda y rescate a las víctimas del terremoto, el tsunami y la tragedia nuclear que se está desenvolviendo.  Este fenómeno de phishing no parece detenerse ni siquiera ante el inmenso dolor y penurias que estos desastres han causado.

Japón se ha caracterizado por un alto grado de preparación ante posibles desastres naturales, comenzando por los terremotos y los tsunamis.  La barrera anti-tsunami que separaba a la ciudad de Sendai de la costa nos muestra este aspecto de la cultura japonesa.  Ciertamente parece extraño que tantos reactores estén teniendo problemas en este momento, incluso aquéllos que ya han sido completamente apagados.  Se supone que cuando se apagan los reactores descienden hasta casi cero en su peligrosidad.

El principal enemigo de Japón y en realidad de todos nosotros a este punto parece ser el aire: son las corrientes naturales aereas (y quizá las marítimas) las que determinarán el efecto que este gran desastre de Japón va a tener, en un futuro cercano, sobre nuestra ciudadanía biológica, y también sobre nuestro nivel de preocupación acerca de nuestro futuro común en este mundo que ya no sólo podemos conceptualizar sólo como  'global', sino como biológica, ecológica y radioactivamente interconectado.

Referencias
García Acosta, Virginia, coord. (1996) Historia y Desastres en América Latina.  Ciudad de México: CIESAS / Bogotá: La Red.
García Acosta, Virginia (2004) "La perspectiva histórica en la antropología del riesgo y del desastre."  Relaciones 25(97):124-142. 
Oliver-Smith, Anthony y Susana M. Hoffman, eds. (1999) The Angry Earth.  Disaster in Anthropological Perspective.  Nueva York: Routledge.
Petryna, Adriana (2002) Life Exposed.  Biological Citizens after Chernobyl.  Princeton: Princeton University Press.

martes, 1 de marzo de 2011

Archivos musicales en línea

La investigación sobre la música, sea desde la antropología, desde la musicología o desde las artes performativas, generalmente resulta en un gran cúmulo de grabaciones que luego, si no son organizadas, son difíciles de catalogar.  De hecho, incluso si son catalogados, los registros son de difícil acceso.  Por ejemplo, las grabaciones de Frances Densmore (1867-1957) entre los grupos indígenas de norteamérica, y las de su contemporáneo Bela Bartok (1881-1945) en los Balcanes, por ejemplo, fueron realizadas en cilindros de metal que ahora están resguardados en archivos y museos: las de Frances Densmore están en su maor parte en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, en discos de metal a los que la investigadora misma transfirió los registros.  Alan Lomax (1915-2002), otro gran coleccionista, usaba discos de metal que se grababan al momento durante sus recorridos de campo, cuando registró miles de horas de música en los Estados Unidos y Europa.  Sus grabaciones y notas hoy se encuentran también en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.  Para consultar estas colecciones era necesario en todos los casos, hasta hace pocos años, viajar a esos recintos y obtener los debidos permisos, así como aprender a usar esas antiguas tecnologías.

Afortunadamente para quienes amamos la música y vivimos lejos de esos archivos, hay en internet al menos tres excelentes archivos a los que se puede tener acceso de manera gratuita: El sitio Folkways del Museo Smithsonian (http://www.folkways.si.edu/), el Sistema Bartok del Instituto de Musicología de la Academia Húngara de las Ciencias (http://www.zti.hu/bartok/ba_en.htm), y, ahora, el Archivo Viajero de música de Bengal (http://thetravellingarchive.org/home.php).  Este último está todavía siendo acrecentado por la compositora y música Moushumi Bhowmik, con ayuda del ingeniero de grabación Sukanta Majumdar.  Los tres son un poco difíciles de navegar, pues en general se espera que quien busque algo ahí sepa ya lo que está buscando.  Sin embargo, con un poco de dedicación y atención es posible encontrar verdaderos tesoros, incluyendo transcripciones a partitura de Bartok y Densmore, así como fotografías tomadas por Lomax y el equipo Bhowmik / Majumdar.  El sitio Folkways del Smithsonian ofrece la posibilidad de comprar por 9.99 USD álbumes completos de la música en su catálogo.

Algunos proyectos fascinantes ya se han desprendido de estos archivos, como el disco The Bartok Album del grupo Muzsicas (Hannibal 1999), que incluye varias grabaciones orginales de Bartok junto a versiones actuales de esas mismas piezas.  También está el fantástico documental Lomax the Songhunter (Rounder Europe 2008), del director Rogier Kappers, quien retraza los pasos de Lomax por parte de los Estados Unidos y Europa para hacer oír los materiales originales a las y los músicos que fueron registrados o, en algunos casos, a sus descendientes.  Así mismo, el sito de música Bengali ya ha dado lugar a una casa disquera, cuyas producciones están basadas en los materiales recogidos por los dos investigadores y materiales adicionales conseguidos en museos.

Muchas gracias, claro, a estas y estos increíbles coleccionistas, que nos legaron toda esta riqueza de registros musicales.  Pero también va nuestra gratitud a quienes han hecho posible que, desde nuestras computadoras, podamos hoy disfrutar toda esa riqueza musical y emocionarnos con todas esas melodías, que siguen frescas aún cuando algunas hayan sido grabadas hace muchas décadas.  Ojalá otras colecciones de otros museos vayan emergiendo con el tiempo en internet.