miércoles 16 de marzo de 2011

Terremoto en Japón y peligro de radiación

Vista de la planta nuclear Fukushima desde Google Earth, Marzo 2011


El viernes 11 pasado hubo un fuertísimo terremoto en Sendai, Japón. Las imágenes del desastre fueron, como siempre que hay desastres mayores, devastadoras. Sin embargo, desde el mismo viernes el mundo comenzó a ver con preocupación el desenlace de esta gran tragedia, sobre todo porque la planta nuclear de Fukushima, a unos 100 kilómetros de Sendai, registró una explosión en uno de sus reactores, a la cual ha seguido una situación de creciente emergencia.

Mientras el lunes pasado parecía posible que la situación fuera controlada, hoy miércoles es claro que la planta de Fukushima se ha convertido en un desastre mayor que el de Chernobyl en 1986.

Estas notas son más bien un esfuerzo para ordenar mi mente y permitirme aceptar, si no comprender mejor, lo que está sucediendo en Japón.  Los tres grandes desastres nucleares de los que tengo noticia han sido el de Three Mile Island en 1979 en los Estados Unidos, el de Chernobyl en 1986 y ahora este de Fukushima.  Hasta donde sé, en estos tres casos el problema ha sido un aumento excesivo de la temperatura en los reactores, en Three Mile Island por una falla que nunca se explicó, en Chernobyl por un simulacro de emergencia nuclear durante el cual las y los operadores de la fábrica bajaron al mínimo la electricidad y las defensas de la planta (Petryna 2002), y ahora en Fukushima por daños causados por el terremoto y el tsunami a las condiciones de la planta nuclear.  En casi medio siglo no ha sido posible remediar el origen de estos desastres nucleares, que siguen teniendo como raíz los problemas de la infraestructura de enfriamiento.

La antropología de los desastres (García Acosta coord. 1996, Olivers-Smith y Hoffman eds. 1999) nos enseña al menos tres cosas:
  1. Que el desastre tiende a ser analizado por quienes podrían considerarse responsables como un hecho extraño, aislado en la sociedad y en la historia, pero que en realidad existe una relación de continuidad entre las condiciones en las que se dan y las formas de afrontarlos; 
  2. Que los desastres suceden prácticamente siempre en donde se sabía que podían suceder. Me extrañaría que no hubiera habido señales de que algo terrible podría suceder a estos reactores, aunque en este momento las autoridades de Japón y las compañías que operaban las plantas niegan vehementemente que hubieran detectado problemas desde antes.  De hecho, el hecho de que el enfriamiento siga siendo un problema nos habla precisamente de la continuidad y la larga duración en los desastres (García Acosta 2004); y 
  3. Que las relaciones sociales pre-existentes al desastre y las resultantes de éste hacen muy difícil la transformación radical de patrones sociales, tecnológicos, culturales y de comportamiento, de tal forma que cada desastre generalmente resulta en poca preparación para su posible repetición. 

Recientemente he visto una serie de fotografías de Chernobyl, por David Schindler (http://totallycoolpix.com/2011/01/chernobyl-25-years-later/), y me llamó la atención la manera en la que éstas se parecen a los paisajes y estructuras en 'La Zona' en la película Stalker (Mosfilm 1979), del gran director Andrei Tarkovsky.  Es como si Tarkovsky y su equipo hubieran viajado al futuro, al Chernobyl de hoy en día, para crear esa película.  Extrañamente, en Ucrania la gente llama 'La Zona' al área afectada.  ¿Estarán citando a Tarkovsky?

En el caso de Chernobyl (Petryna 2002) se ha desarrollado, después del desastre nuclear, una manera de vivir que Petryna considera como una forma de 'ciudadanía biológica', ligada directamente a reclamos de afectación de la salud, de tal manera que las y los residentes de 'La Zona' en Ukrania usan su propia condición de falta de salud para sobrevivir, sea por medio de subsidios a personas 'afectadas' o por medio de redes de relaciones que permiten a quienes viven ahí sobrevivir en condiciones de grandes problemas de salud y psicológicos.  El Estado ucraniano, mientras tanto, ha logrado ser visto como benefactor de las y los habitantes de Chernobyl, a pesar de que la ayuda económica y de infraestructura a la zona es poca, y de que la gente ha tenido que renunciar a la salud como idea de normalidad para poder sobrevivir.

Esto nos alerta a otra característica común de los desastres: muchas personas tratan y a veces logran usar los desastres como una forma de acumular prestigio en la política, y/o de obtener dinero lucrando con la ayuda internacional misma.  Varios sitios han aparecido en internet para engañar a donantes de dinero en línea, y quedarse con parte del dinero que la gente está donando para los esfuerzos de ayuda y rescate a las víctimas del terremoto, el tsunami y la tragedia nuclear que se está desenvolviendo.  Este fenómeno de phishing no parece detenerse ni siquiera ante el inmenso dolor y penurias que estos desastres han causado.

Japón se ha caracterizado por un alto grado de preparación ante posibles desastres naturales, comenzando por los terremotos y los tsunamis.  La barrera anti-tsunami que separaba a la ciudad de Sendai de la costa nos muestra este aspecto de la cultura japonesa.  Ciertamente parece extraño que tantos reactores estén teniendo problemas en este momento, incluso aquéllos que ya han sido completamente apagados.  Se supone que cuando se apagan los reactores descienden hasta casi cero en su peligrosidad.

El principal enemigo de Japón y en realidad de todos nosotros a este punto parece ser el aire: son las corrientes naturales aereas (y quizá las marítimas) las que determinarán el efecto que este gran desastre de Japón va a tener, en un futuro cercano, sobre nuestra ciudadanía biológica, y también sobre nuestro nivel de preocupación acerca de nuestro futuro común en este mundo que ya no sólo podemos conceptualizar sólo como  'global', sino como biológica, ecológica y radioactivamente interconectado.

Referencias
García Acosta, Virginia, coord. (1996) Historia y Desastres en América Latina.  Ciudad de México: CIESAS / Bogotá: La Red.
García Acosta, Virginia (2004) "La perspectiva histórica en la antropología del riesgo y del desastre."  Relaciones 25(97):124-142. 
Oliver-Smith, Anthony y Susana M. Hoffman, eds. (1999) The Angry Earth.  Disaster in Anthropological Perspective.  Nueva York: Routledge.
Petryna, Adriana (2002) Life Exposed.  Biological Citizens after Chernobyl.  Princeton: Princeton University Press.

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