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| Cubierta del libro Orange County Housecleaners |
Para localizar a las mujeres con las que trabajó, Cancian comenzó por hablar del proyecto con Esperanza Mejia, la señora que limpia su propia casa. Ella le puso en contacto con su hermana y su cuñada (esposa de su hermano). Luego, habló con amigos suyos para localizar a las otras cuatro. Cada entrevista se llevó a cabo en el idioma original de cada señora, y luego todas las transcripciones fueron traducidas al inglés. Del inglés, una traductora volvió a traducir al español las que habían sido hechas en este idioma, para que las entrevistadas hicieran traducciones y comentarios, y editaran el material. Las entrevistas duraron alrededor de una hora cada una, aunque en algunos casos las entrevistadas solicitaron añadir materiales, sea por medio de otras entrevistas, o grabando directamente ellas mismas su voz en una grabadora, a solas. Frank Cancian les pidió que le contaran su vida, le hablaran de lo que quisieran y más les importa, y que en particular se refirieran a su trabajo haciendo limpieza de casas.
El libro consta de siete secciones basadas en las entrevistas a las mujeres, y fotografías de ellas y sus familias. Queda de manifiesto la excelente relación y confianza que Frank Cancian desarrolló con estas señoras, y las muchas horas que pasó (y, según me dice, sigue pasando) con ellas, primero como investigador y luego como amigo cercano. La calidez humana del investigador da coherencia y fuerza a todo el proyecto. En el libro, ellas le cuentan cosas muy personales y narran lo que han sufrido y lo que han gozado en su trabajo. Varias fueron primero niñeras y vivían en casa de sus empleadores tiempo completo, pero luego se decidieron por limpiar casas. En las fotos aparecen limpiando casas, en sus templos religiosos y con sus familiares, o en eventos públicos relacionados con ellas o sus familias.
Tres de ellas nacieron en Guatemala, dos en México y dos en el estado de California. Con excepción de una de las guatemaltecas, tanto las que provienen de México como de Guatemala llegaron a los Estados Unidos como ilegales, cruzando el río y el desierto, exponiéndose a los peligros que le esperan a las y los trabajadores indocumentados en los Estados Unidos. Cada capítulo del libro muestra la gran fuerza que estas mujeres han tenido para enfrentarse a la adversidad. Generalmente sus maridos las han tratado mal, sea porque sospechan de ellas sin motivo, o porque las han abandonado para irse con otras mujeres. Varias de ellas se han divorciado y están en segundas o terceras nupcias. Desafortunadamente, con pocas excepciones, los hombres que aparecen mencionados como parejas de estas mujeres son villanos en sus historias, pues les han hecho sufrir y a veces las han abandonado por completo.
Las mujeres hablan de su relación con la escuela. Una de las que llegó de México se lamenta de no tener estudios. Dos de las que vienen de Guatemala han estudiado, y una es ahora peinadora y estetista. La otra prefirió no trabajar como asistente médica, aunque obtuvo el certificado para hacerlo, porque los médicos que atendieron a su madre cuando ésta se enfermó en los Estados Unidos fueron despóticos y no hicieron por ella todo lo que hubieran debido. Una de las oriundas en California tiene un grado universitario en Bellas Artes, ha trabajado con joyeros y con artistas como ayudante, y tiene gráficos y artefactos propios que ella ha diseñado y hecho. Otra de las californianas explica que al final del día está muy cansada, y aunque le gustaría estudiar, piensa que debe de pasar todo su tiempo libre con su esposo y con sus hijos. También hablan de sus familias: de sus esposos, de lo difícil que a veces han sido las relaciones con hijas e hijos, sobre todo cuando tuvieron que dejarles en México o Guatemala por un tiempo, para luego poderlos traer a vivir con ellas. Hablan de su fé religiosa y de la alegría que sienten cuando oran, bailan o rezan en los templos. Hablan de lo que esperan para ellas y sus familias en el futuro. Se sienten halagadas de que la gente para la que trabajan confíe plenamente en ellas. Están orgullosas de ser honradas, de sostenerse a sí mismas, y de haber mantenido la fe en sus familias aún en situaciones de tensión.
Cada una de las siete historias es muy conmovedora, por las penas y momentos muy difíciles que estas mujeres han tenido que pasar, pero también inspiradora, porque todas sienten que han logrado grandes cosas y vencido enormes retos, y todas miran con esperanza el futuro.
Este libro es ejemplar para quienes hacemos antropología: el proyecto fue apropiado por las mujeres, y son ellas quienes brillan en todas las páginas. El antropólogo se ha mantenido, hasta donde ha podido, en la sombra, y solo aparece iluminado cuando ellas le piden que salga a la luz. Es una gran lección del maestro Frank Cancian, y ojalá sepamos entenderla y seguirla.




