Durante el congreso 2010 de la Sociedad Americana de Antropología (AAA, por sus siglas en inglés), el Consejo Directivo de esta asociación emitió un nuevo Proyecto a Largo Plazo, y como parte del documento aprobó una descripción de la antropología que excluía la palabra ciencia. La intención del Consejo Directivo no era la de excluír a nadie, sino la de hacer más inclusiva la definición de antropología, para abarcar a quienes practican la disciplina tanto dentro como fuera de la academia, y a quienes se dedican tanto a la investigación como a la docencia y a otros tipos de actividades en las que se utiliza el conocimiento antropológico.
En realidad, la razón principal de la definición aceptada para acompañar el proyecto era la de subrayar el papel de la organización en la difusión y el debate públicos alrededor de nuestra disciplina. Sin embargo, tan pronto como el documento fue publicado en la página web de la AAA muchos/as miembros de organizaciones antropológicas comenzaron a protestar. En diarios, blogs, listas de correos y notas de correo, decenas de notas criticaron la definición de antropología, que se entendió como el triunfo de la antropología interpretativa en la AAA.
Desde hace casi un lustro, existe un debate que aflora de vez en cuando, sobre qué es la antropología: si es una ciencia y pertenece al campo general de las ciencias positivas, o si es parte de las humanidades. La antropología científica, dicen sus defensores, se apoya en el método científico y sus conclusiones tienen validez general, pues fueron alcanzadas por medio de la comprobación de hipótesis. En particular, la arqueología, la antropología biológica y la primatología se consideran parte de la antropología científica. Por otra parte, quienes practican la antropología interpretativa, que se apoya en la tradición filosófica hermenéutica, ven a nuestra disciplina como parte de las humanidades. Existe también un gran contingente de antropólogas y antropólogos que ven a la antropología como una disciplina que usa métodos tanto científicos como humanísticos. En realidad, es necesario recordar que tanto los métodos nomotéticos ligados al diseño y comprobación de hipótesis, como los métodos hermenéuticos ligados al trabajo de interpretación de datos, descienden de la tradición científica de los siglos XVI y XVII, cuando ambas formas de investigación se consideraban parte de la filosofía.
Los debates acérrimos sobre si los fenómenos percibidos deben ser obtenidos a través de los sentidos para luego ser procesados por la mente, o si es necesario alertar a la mente para que capte los fenómenos percibidos desde distintos ángulos, han caracterizado a la filosofía y a las organizaciones científicas ya por varios siglos, y la definición de ciencia ha sido disputada por ambos enfoques. Una de las controversias más famosas fue la protagonizada por Gottfried Leibniz e Isaac Newton en el siglo XVI. Leibniz pensaba que los principios de la razón primero tenían que ser establecidos y luego ser corroborados con datos obtenidos de la realidad, mientras Newton pensaba que primero había que observar la realidad para luego derivar principios universales.
Ambos filósofos nos legaron importantes teorías sin las cuales ni la ciencia ni las humanidades, tal como las conocemos ahora, serían posibles. Mientras Newton es recordado por importantes leyes físicas relacionadas con la gravedad, Leibniz es recordado principalmente por su invención del sistema binario y el cifrado digital (que literalmente realizaba con los dedos), que hoy está en la base de toda la tecnología digital relacionada con las computadoras.
En efecto, no sólo nuestra disciplina se encuentra constantemente dentro de este debate: Vemos una división similar actual entre quienes se dedican a la física del mundo observable, y consideran que los fenómenos físicos son independientes de quien los observa, y quienes se dedican a la física cuántica, y consideran que quien observa necesariamente modifica el comportamiento de lo observado.
El Consejo Ejecutivo de la AAA, del que actualmente soy parte (2010-2013), emitió finalmente un comunicado de prensa explicando que la palabra "ciencia" regresará a todas las definiciones de la antropología maenjadas por la organización (ver http://www.aaanet.org/issues/press/AAA-Responds-to-Public-Controversy-Over-Science-in-Anthropology.cfm). La controversia, sin embargo, difícilmente se va a apagar porque, después de todo, la antropología fue considerada por quienes la fundaron y establecieron como la más científica de las disciplinas humanísticas, y la más humanista de las disciplinas científicas. Esto, me parece, muestra la vitalidad de nuestra disciplina, pues las ideas que no se confrontan se estancan, y las disciplinas en las que no hay debate son disciplinas muertas.

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