Me pregunto por qué alguien puede pensar que la música, o la comida, o el racismo, o la filosofía sociológica, o la historia filosófica de la antropología, o las teorías sobre la alteridad, o la antropología visual o cualquier otra cosa en la que nuestro programa está a la vanguardia en la investigación antropológica, puede aparecer como socialmente irrelevante. Puesto que lo que yo enseño se relaciona con el sonido y la música, así como con las organizaciones que existen alrededor de éstos, he comenzado a pensar que esa opinión tiene raíces históricas hondas, pero totalmente equivocadas.
Según una vieja manera de entender el marxismo, que era común en las ciencias sociales en México y en gran parte del mundo en los 1970s, lo único que importa es la economía, en términos de las relaciones sociales de producción y de la distribución de la riqueza social. Todo lo demás fue considerado por esa vieja escuela marxista como parte de los 'epifenómenos', siguiendo a la escuela de la economía política, o 'la superestructura', siguiendo al marxismo estructural. La 'economía', entendida como la extracción de plusvalía, era aquéllo que de verdad podía ser visto como 'socialmente relevante'. Desde este punto de vista, la música, el baile y las demás cosas bellas de la vida no eran dignas de estudiarse. Y quizá ni siquiera de hacerse. El Maestro Federico Fellini se rebeló contra esta visión con su célebre película Ensayo de Orquesta (Fellini 1979). La antropología, sin embargo, continuó documentando la importancia de la música, la danza, la fiesta, la embriaguez en grupo, las redes de intercambio y la comensalidad para la supervivencia de la gente más pobre y marginada (Lomniz 1974, Merriam 1964, Nettle 1976).
Luego vino el neoconservadurismo económico, en la forma de los programas 'de desarrollo' de los 1980s. 'Socialmente relevante' pasó a ser que gente en los países ricos, y las regiones ricas dentro de cada país pobre, le dijeran a las y los pobres lo que tenían qué hacer para convertirse en menos pobres. En la antropología internacional esto fue caracterizado a principios de los 1990s por Mark Hobart y otros (1993), como "el crecimiento de la ignorancia": por medio de una verdadera "industria del desarrollo" la gente de las ciudades se trasladaba al campo y las regiones marginales a decir a la gente pobre que eran ignorantes y por eso eran pobres. Los saberes locales eran despreciados como 'ignorancia' en favor de las especificaciones técnicas 'superiores' y conocimientos universitarios que la gente de las ciudades estaba segura de poseer y poder 'aplicar' en las más distintas regiones del planeta. Este tipo de 'intervención' resultó desastrosa en todo el mundo, y particularmente en América Latina, India, la mayor parte de los desiertos del Medio Oriente, y África. En la antropología, en particular, esto trajo como reacción el afortunado enfoque de "poner a la gente primero" (Cernea, ed. 1985), que quería decir comenzar por los saberes locales, identificar 'expertos/as' locales, y apoyar sus ideas. Esto, las y los antropólogos explicaron, incluía necesariamente apoyar las producciones culturales 'tradicionales' y 'subalternas', incluyendo a la música, la comida y la fiesta (Lanternari 1976, Warman 1972).
Desgraciadamente, casi enseguida el neoliberalismo, que implicaba la implementación de los "programas de re-estructuración y flexibilización económica", surgidos de lo que ahora es conocido como "El Consenso de Washington", impusieron una nueva norma de lo que era "socialmente relevante": (1) "Adelgazar" el aparato de gobierno (léase "despedir a tantas personas como sea posible en las oficinas de gobierno"), (2) "flexibilizar la mano de obra" (léase "eliminar los beneficios del empleo permanente y sustituirlos con la incertidumbre de los contratos a tiempo corto y sin beneficios laborales"), (3) "liberar a la economía nacional de pesos anclantes' (léase "hacer desaparecer los programas de gobierno, incluyendo de energía, de salud, de seguros a la agricultura, de educación y de pensiones, que apoyan la economía de los hogares nacionales y sustituirlos con programas llevados a a cabo por empresas y por las llamadas ONGs que apoyaban los programas de "autogestión") y (4) "cultivar la iniciativa de las personas" (léase "hacer que cada quien se responsabilice de su propia salud, educación, re-educación continua, adaptación al mercado laboral y aceptación de los riesgos inherentes a su profesión en el mercado internacional de empleos y salarios; es decir, asumir la culpa de ser pobre sin protestar") (Arizpe et al. 1989).
Desde la antropología surgió la crítica feroz a este tipo de posiciones, pues más que 'reconvertir' a la gente en 'emprendedores' lo que se generaba era un empobrecimiento en el que se culpaba a la gente de no ser suficientemente 'flexible' (ver Vargas-Cetina y Ayora-Diaz, eds. 1999). La música, que en muchas sociedades funciona como un bien común (Vargas Cetina 1998), cada vez se había ido convirtiendo más en un recurso controlado, sujeto a la propiedad individual y al poder de las corporaciones (Negus 1999), incluso cuando las y los usuarios se volcaron al internet para tratar de cambiar esa situación (Alderman 2002).
Actualmente, existen movimientos para liberar la música, que también son movimientos para liberar a nuestras sociedades de los profundos problemas en los que nos ha sumido el capitalismo neoliberal (Yúdice 2007). Jacques Attali (1985[1977]) y Mark Mattern (1998) nos recuerdan que hay pocas cosas tan poderosas como el ruido, el sonido y la música en la transformación de las estructuras sociales. Muy lejos de ser socialmente irrelevante, el sonido y la música hacen temblar regímenes políticos, subvierten el orden social y tienen que ser constantemente sujetos al control por quienes gobiernan. De otra manera, se pone en riesgo el orden social entero, pues el sonido y la música tienen consigo el poder de la afectividad, de la liberación social, de la creación de cohesión y de la ruptura de las jerarquías.
Por otra parte, hacer investigación sólida no es algo que deba ser una prerrogativa de un número muy pequeño de especialistas. Nuestras/os estudiantes de licenciatura están siendo capacitados para preguntarse cosas en forma metódica, plantear los senderos para ir a buscar las respuestas, recoger información y procesarla con cuidado y saludable escepticismo. No podemos cambiar el mundo sin saber exáctamente cuáles son las circunstancias en las que las cosas están, y cuáles van a ser las implicaciones de cada una de nuestras acciones. Es por medio de la investigación sólida, así como por medio del respeto a las manifestaciones culturales tanto nuestras que de las personas con las que hacemos investigación, que podemos saber hacia donde debemos de ir, cómo debemos de ir, por qué, y con quién.
Y la música siempre deberá estar ahí, con nosotros, como nuestro derecho y nuestro patrimonio, para acompañarnos a lo largo de todo el camino. Independientemente de lo que diga cualquier agencia de evaluación educativa.
Referencias
- Alderman, John (2002) Sonic Boom. Napster, MP3 and The New Pioneers in Music. New York: Basic Books.
- Arizpe, Lourdes, Philip Ndegwa, Thorval Stoltenberg et al. (1989) Facing the Challenge: Structural Development and World Development. Roma: Society for International Development.
- Attali, Jacques (1985[1977]) Noise. The Political Economy of Music. Minneapolis: University of Minnesota Press.
- Cernea, Michael, ed. (1985). Putting People First. Sociological Variables in Rural Development. Washington D. C.: World Bank Books.
- Fellini, Federico (1979) Ensayo de orquesta. Roma: Daime Cinematografica S.p.A. e Rai - TV (Roma), Albatros Produktion G.M.B.H. (Monaco).
- Hobart, Mark, ed. (1993) An Anthropological Critique of Development: The Growth of Ignorance. London: Routledge.
- Lanternari, Vittorio (1976) La grande festa. Vita rituale e sistemi di produzione nelle societá tradizionali. Bari: Dedalo.
- Lomnitz, Larissa Adler de (1974) Cómo sobreviven los marginados. Ciudad de México: Siglo XXI.
- Mattern, Mark (1998) Acting in Concert. Music, Community and Political Action. Newark: Rutgers University Press.
- Merriam, Alan (1964) The Anthropology of Music. Evanston, Ill.: Northwestern University Press.
- Negus, Keith (1999) Music Genres and Corporate Cultures. Londres y Nueva York: Routledge.
- Nettle, Bruno (1976) Folk Music in the United States: An Introduction. Michigan: Wayne State University Press.
- Warman, Arturo (1972) La danza de Moros y Cristianos. Ciudad de México: Secretaría de Educación Pública.
- Vargas-Cetina, Gabriela y Steffan Igor Ayora Diaz, eds. (1999) The Anthropology of Flexible Accumulation. A Special Issue of Urban Anthropology and World Economic Systems Vol. 28, No. 3/4 (FALL-WINTER, 1999).
- Vargas Cetina, Gabriela (1998) "Música, lugar y espacio: La música como recurso colectivo en San Cristóbal de las Casas". Alteridades 8(15):147-155.
- Yúdice, George (2007) Nuevas Tecnologías, Música y Experiencia. Barcelona: Gedisa.




